El cambio iba a llegar.

Madrid ha sido edificios altos, expectativas altas y sueños cumplidos. Un par. A la vida le divierte ponernos retos y creo que al final son justo los que hacen que sea divertida o al menos, bastante entretenida he de decir.

Madrid en hora punta es un beso entre un par de chiquillos descubriendo el amor. Es la tímida de clase que hoy por fin se atreve a lo que antes no. Es un juego de estilos. Es la libertad, el desnudo de tabúes, el desdoble de la mente, el empuje del coraje, lo audaz.

Pero esta ciudad jamás descansa, y el reloj siempre apunta que vas con prisa a no se sabe donde que a su vez te llevará a donde debes. A veces es trampolín lleno de aprendizajes y primeras veces y hoy, la última cerveza. Ha llovido tres años, justo después por alguna razón salía el sol. También ha sido risas. Vale joder, y cervezas. Personas. Experiencias. Vida. Y muchas letras.

Conocerte al detalle hace que sepas qué quieres y quién eres. Madrid venía después de Cuenca pero nunca lo divisé definitivo. Necesito un otoño bello donde escuche el viento soplar. El sonido de los pájaros cuando se anuncie la primavera. Un lugar donde pasear y perderme, donde no mida las paradas hasta llegar al destino y donde el reloj sea un mero objeto que pueda olvidar en casa sin sentir su falta. Lo que quiero decir, es que soy el aire que respiro y aquí, empezaba a faltarme. Que soy los kilómetros que mis pies caminan enriqueciéndome de paisajes. El cambio iba a llegar.

Hoy adjunto fotografía. Juraría que hay fotografías que son poemas, textos… que no necesariamente han de ser de calidad ni hechas por expertos en materia. Una vez leí algo así como ‘el arte tan solo ha de hacernos sentir algo’, y Madrid ha sido divisar arte y rozarlo con la yema de los dedos. Después entra en juego la personalidad de cada uno y si entras en el juego de dar la mano a cambio de. Creo que por ello sigo publicando para nada y a destiempo. Pero para nada es la finalidad que elijo, es la vida que elijo.

“¿Por qué te vas de Madrid? Madrid lo tiene todo”.

Porque de nada sirve tenerlo todo si no me tengo. (Lo que nunca respondí)

¿Sabéis? Haced aquello que os pida el cuerpo, que os grite la mente y os susurre el corazón. Hacedlo y que la única explicación sea “porque quiero”. Porque como diré hasta el día que me quede patitiesa: Prefiero una vida de errores a mi manera, que de aciertos al modo de otros que no son yo, ni habitan mi mente.

6.- Feliz de que lo seas

Puedo contarte que aquí, dentro de mí, ya nadie te espera. Que la sartén perdió el mango y ya somos ambos quienes dominan solo su propio mundo. Que han pasado tantos años que al final por fin todos los verbos los conjugamos en el tiempo correcto. Que nos pongan el café, que nosotros pondremos el presente sobre la mesa. Que te vaya bien siempre será mi deseo a finales de febrero sin mirar el calendario, ni siquiera el mapa. Qué tal nos va siempre será la ceniza que aguarda recostada en el fondo del vaso que aquel día rompiste. Jamás pudimos volver a colocar cada pedazo donde era y míranos, ahora somos otros, pero los mismos.

Si te miro ya no es con deseo, ni ese no sé qué salvaje de bestia que se da de bruces contra la pared por escuchar el sonido de una bala saliendo de tu boca. Daba igual lo que dijeras, que aparecieras, ya era el motivo de todos mis desastres.

Cómo ha cambiado el cuento desde que nos hemos hecho historia. ¿Te he contado quién es Mario? Ríes mientras sabes quién es de sobra.

De todas las mujeres a las que quise parecerme, Carla ha superado cualquier expectativa. Nunca creí que llegaría a conocerme tanto hasta hacerme ella.

Soy mujer. Y tú te sientas enfrente como el hombre al que se le ha olvidado que hubo una vez que sentía con la pureza de un niño.

¿A cuántas mentiras estás del que fuiste?

Dime cómo se hace para manejar el corazón de alguien a modo de péndulo dejando libre una mano para seguir masturbando otras mentes.

A qué sabe el sexo sin nombre.

Cuéntame entre trago y trago el súper poder del dinero y a dónde lo llevarás el día que faltes.

Te cuento que no soy nadie. Nadie que no quiera ser. Que sigo andando con lo justo y me sobra resto del mes para seguir sonriendo. Que no pido préstamos de alegrías al banco desde que soy yo la que decide quién ser cada mañana. Que continuo con la absurda idea de que un día volveré a sentir como si tú nunca hubieses pasado por mi vida.

Que ya no ansío olvidarte porque tampoco te recuerdo y si escribo de tú, es porque hace tiempo que la primera persona soy yo.

Te digo que vayas donde vayas despliegues tus alas y te comas el mundo. Y ojalá, siempre que vuelvas sigas recordando quién era ésta que tanto te quiso.

Feliz de que lo seas.

Estaba loca

Le gustaba la magia, creía en ella. También afirmaba no poder tocarla, está ahí fuera cuando cae el sol y mirar a tu alrededor es un auténtico cuadro de la naturaleza. Vivía prendada de los atardeceres, quería quedarse en uno de ellos y hacerlo eterno. No podía tocar la magia, pero sabía cómo reflejar la de todo aquello que le tocaba el alma. Y entonces, por siempre, se supo trébol de cuatro hojas, color ocre de otoño y manta cuando el termómetro marcaba grados de menos. Creía que las cosas más bonitas se contaban en segundos y no había palabras para expresarlas en voz alta. Y ahí estaba el papel.

Creía en la magia, y sin saberlo, juraría que ella lo era. De a poquito su sonrisa salía y el día empezaba. Cómo no iba a dejar atrás los trucos, en este juego de mi yo con ella, no hacían falta. Tan solo creer. Tan solo mirarla, para saber que así era otoño en pleno agosto un dieciocho de cualquiera año.

Me gustaba. Estaba loca, y yo empezaba a estarlo por ella.

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NIVEL 27

Desde aquí soñaba el hoy que vivo. Día tras día. Soñaba con el momento en que toda una caja de cerillas prendiera fuego y llamarlo ‘mi vida’. A mi manera. Nunca supe dónde pero sí que en alguna parte me encontraría. Tuve que luchar contra mí misma, desvestirme de prejuicios, miedos y complejos. Tuve que olvidar, y nunca albergar odio. Manejé los hilos que la vida me iba enredando y ha quedado un presente cojonudo. Mi cabeza es la obra que nunca escribiré. Mi corazón aquel que vive en pelotas desde que un día me atreviera a ponerle voz a todo esto que siempre fui. Aguardo en él personas y momentos que no necesariamente son el ahora, mas sin todos ellos no serían los veintisiete que hoy tengo. Serían otros y yo otra. No quiero.

He reído hasta llorar y he llorado hasta quedar sin aire. Tantas veces me faltó, que ahora celebro la vida como una victoria.

Sigo escribiendo si es el corazón quien me empuja a hacerlo y la vida quien me inspira.

Ya no me avergüenzo. Sé quién soy y lo que valgo. Lejos de aquí la gente se convierte en su mejor versión y no hay nada como la cerveza bien fría.

A estas alturas soy una gorda de conocimientos y lo que me da flacidez es la mente de gente haciéndose pasar por personas. Llevo la pereza por bandera si se trata de entender el comportamiento humano. Menuda belleza la de una mente moldeada con tus propias manos.

Sigo viendo miseria en el mundo y me aterra haberme convertido en alguien más a quien le consuela que no le toque de cerca. Todos nos estamos muriendo cada vez que muere alguien y lo anuncian. Mas todas esas veces que se callan la boca. Mas tantas otras en las que participamos exportando armas. Siguen violando nuestros derechos y llamándolo abuso si nos violan.

Sigo contando con los dedos de las manos los verdaderos y a veces echo de menos tomarme algo a cualquier hora, hasta coincidir en navidad se ha vuelto toda una triquiñuela de horarios. Ni el mejor matemático nos cuadraría. Pero este año entendí que no es soledad, tan solo distancia y echar de menos. Que la solución está en bajarse de la vida adulta a ratos y atender a lo que realmente da vida a nuestros días. Que no hay mejor agenda que la que apunta que quizá mañana sea el último.

Ya son veintisiete años llenos de sentimientos, no hay un solo día que algo o alguien no me haya hecho sentir y en parte me lo debo a mí, a todo este manojo de sensibilidad que siempre albergo y tanto he rechazado. Comprendí que era la clave para entender que toda esta vida de historias y letras es el resultado de que el sonido de un pájaro me transporte a mi sótano. No lo entenderían.

Entendí que lo verdadero nunca se olvida, que brindar momentos buenos no cuesta dinero y que el dinero es una mierda que no quiero ni ansío. Vine al mundo desnuda. Me marcharé del mismo modo, pero rica de todo aquello que no se compra.

Entendí que el amor es la risa y que no quiero otra cosa que no sea respeto.

He vivido veintisiete y me soñaron otros tantos. Aquí estoy para agradeceros de la única forma que sé y soy. Gracias por recordar cuando pequeñas, por hacer repaso, por aparecer años más tarde, por formar parte del pijama, por ser conquenses de patata. A los que se fueron, gracias. Y a los que se quedaron… eternamente vuestra.

Creemos crecer

Estamos repletos de cosas con precio. Siempre ansiamos mayor cantidad y calidad. Sin embargo, optamos por la pobreza en cuanto a merecedores de cosas y personas con verdadero valor para nosotros. Como si exigir verdad fuera algo desorbitado. Inalcanzable. Inmerecido.

Hemos cambiado tanto la mira, que ahora en el amor sirve cualquiera. Y nos atrevemos a llamar <<querer>> a tres días. Nos apresuramos en desabrochar y bajar bragueta. Nos guiamos por instinto. Nos saciamos con otros. Y qué hay de nosotros mismos.

Continuamos a medias si alguien a quien verdaderamente quisimos nos deja, y a raíz de ahí, nos conformamos con ser oveja andando entre el rebaño.

Jugamos a querer a ratos.

A huir si la cosa se pone seria.

A preferirnos solos que a sonrisa compartida.

Y confundimos independencia con soledad a ciegas.

Creemos crecer. Y sin embargo, ojalá volver a sentir con la pureza de cuando niños.

@livingenpijama_

Después de selectividad comienza la vida.

El amor no se explica con palabras. La literatura sólo es capaz de reflejar su belleza.

Escribí tanto al amor que rompe, que me he olvidado durante años de brindar por el que te vuelve a reconstruir hasta la sonrisa.

No le he escrito a esas veces que afirmé por activa y por pasiva no salir, después cedí y aseguré no beber para al día siguiente estudiar, ya sabéis, aprovechar el día, al final acababa yendo y cómo no ibas a tomar un poco pero sólo un poco. El resultado era volver al desayuno, bien acompañada de familia que no sabía que podían serlo hasta que en esos momentos te falta la tuya porque está lejos y son ellos los que retoman ese papel. Vale, el resultado también era una resaca del copón y sopa para comer. Siempre tocaba sopa.

Dentro de todo grupo/familia cada uno desempeña un rol, siempre está la cabeza pensante que encuentra soluciones hasta debajo de las piedras y su bolso nada tiene que envidiar al bolsillo de Doraemon; te podrá facilitar pastillas para el dolor de cabeza, algo para la regla, la tirita del ‘hostia tú, qué rozadura’, hasta los planos para luego quitarte los malditos andamios que se te ocurrió comprarte. Todos sabemos que en el bolso de una amiga madre cabe todo un mundo. Como también somos conscientes de que te dará mil ochocientos consejos coherentes que escucharás, procesarás y jamás cumplirás y lo que es mejor, lo sabe. Ella habla mientras le lava la cabeza a un burro perdiendo agua y tiempo. Tú eres el burro. Tú, que cuando ves que vas directa hacia una pared, aceleras el paso a ver si la hostia puede ser más grande. Tu amiga madre te lo advirtió, pero estará ahí para pasarte los clinex que se te olvidó a ti echar en el bolso. También está el amigo guapo que nunca te tirarías porque pasó el umbral de amigo a hermano. Es tu intocable, ya puedes dormir con él en gallumbos, darte un beso a modo de hijoputismo para que no ligues, o ver qué tal siguen tus perolas después de pasados los años, que ni os inmutáis. Las amistades buenas que sabes que sólo son amistad. Brindo por la tranquilidad esa.

También está la amiga a la que eres tú la que le das los consejos y pobre de ella que los sigue. Como si tu vida fuera un ejemplo de algo. Como si ella no supiera que eres un desastre andante. Los sigue, y habla a su ex como el peor experimento socioamoroso que existe, únicamente porque tú la animaste a hacer lo que le salga de la patata. Maldito órgano. También será con la que compartas las tardes previas a exámenes decisivos grabando vídeos cantando porqué el mundo os hizo así. Luego están los que hacen de tus bolsillos en días de borrachera y son ellos quienes están pendientes de que no pierdas el móvil, la cámara y el dinero cada vez que te da por dar una putivuelta, que siempre acaba en los baños portátiles porque el motivo inicial era que te estabas haciendo pis cual niña chica pero es mejor tomar el camino largo para así ver qué tal va el mercado.

Luego está la gente que son punto de apoyo en momentos en los que necesitas esa sujeción y qué más tarde no importa que no hablen, siempre te queda ese recuerdo agradable de que hubo un momento en que ustedes fueron importantes para el otro. Momentos de biblioteca y salas de estudio hasta altas horas y alguna lágrima.

Las conversaciones durante las comidas sobre las tetas de alguien o su menstruación. En ese mini mundo te podías saber tu ciclo menstrual y el de tu pasillo, hasta cómo iba el contador de polvos. Era la leche, porque la vida privada desaparecía y allí tu tema/problema/duda/putada ya era cosa de todos, porque lo bueno si se multiplica es más y lo malo si se divide, tocas a menos y se hace ameno. Esto es así desde que el mundo es mundo y fundaron la primera resi.

Me olvidé todos estos años de escribir sobre aquellas personas que han aguantado horas, carros y carretas de un mismo tema. Y dale Perico al torno con lo mismo, que ellos van y te escuchan. Prestan atención y hasta te aconsejan. Sabiendo que absolutamente todo será en vano, la historia cambiará para cuando os volváis a ver, tú no habrás seguido ningún consejo y al pobre o la pobre, le tocará volver a aguantar otro chaparrón. Brindo con nutella por ellos.

A veces, somos tan tercos de centrarnos en el amor que fracasa que no nos damos cuenta de que estamos rodeados del que nos hace vencedores en la vida. Si vivir sonriendo es la victoria, yo llevo toda la vida ganando aun en las ocasiones que creí perder.

Sabéis de qué tipo de amor os hablo porque son esas pocas personas que nos brinda la vida a las cuales podrás ver de ciento en viento que cuando se junten, que cuando hablen, el tiempo jamás habrá pasado por ustedes. Todo sigue intacto. La risa, la complicidad, las ganas de seguir siendo partícipe en la vida del otro.

Son esas personas que conforme estás leyendo esto, te están viniendo a la cabeza. Yo recuerdo photocall, días de parque y también de buscar vestido como si no hubiera un mañana porque es esa misma noche cuando tienes cena de gala. Recuerdo fines de semana enteros con nuestros culos pegados a las sillas y el cachondeito que hace que restes horas de estudios y sumes vida a los días. O esas veces calentando un maldito bocadillo en una sandwichera para veinte, el café laxante en la mañana, el rico olor a cebolla en clase. También el esperarse para comer juntos, los mimos, el cariño, la preocupación por los asuntos del otro, las lágrimas en los momentos en los que crees no poder con todo y están todos ahí contigo y al final no hay nada difícil si estás bien acompañada.

Yo no fui experta en familia hasta que viví con una de doscientos miembros. Podría ser importante el detalle de con cuántos sigo manteniendo contacto, pero tan sólo es una cifra. Lo importante es el recuerdo que dejaron sin tan siquiera ellos saberlo.

Hay etapas en la vida que jamás serían lo mismo sin el lugar donde las viviste, ni las personas que te acompañaron.

Y mirar atrás y sonreír es a lo que yo llamo suerte. Ese tipo de suerte que un día la vida te ofrece a modo de listado donde pone que tu vida tras bachillerato continúa en tal universidad de tal ciudad y luego ya eres tú quien decide hacerla mítica viviendo en residencia.

De todos los miedos el más bonito fue el día que cogí mi maleta y mi oso y me quedé sola en una habitación mientras mis padres regresaban a casa y a mí me dejaban en ese lugar totalmente extraño.

Creo que no hay un gracias que suene lo suficientemente grande como para agradecerles que me animaran y costearan a vivir lo que años más tarde reconozco como una de las mejores experiencias de mi vida. La mejor etapa fue la de estudiante. Quien haya vivido en resi, sabe de lo que hablo.

Hace mucho que no saludo a mucha gente. Este texto a modo de abrazo dice que si hoy no formo parte, hubo tiempo en el que sí y al menos para uno de los dos fue importante, quizá para ambos. Que si por el contrario continúas ahí, es porque te querré tener ahí para toda la vida. Aunque no lo diga. Aunque solo lo escriba.

Hace mucho que no brindaba por el amor amigo. Me alegro de haberos conocido.

Son casi las 4 y hace un rato recibí un mensaje de una amiga madre. Ella no lo sabe, pero he conocido la nobleza llevando pelazo y a la guapura por dentro y por fuera siendo tan humilde, que aunque lo de pelazo lo diga mil veces, lo grande que es tan sólo hará falta escribirlo una para que le llegue donde yo la llevo. Ahora diría alguien”¡Patata!” Y nos daríamos un pico.

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R.U Alonso de Ojeda

(Cuenca)

No podía no citar mi casa.

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No me imagino mi vida sin haber estudiado. La dije hace poco, y me parece una buena frase para que la lean aquellos que comienzan sus primeros pasos hacia su meta. Disfrutad del camino, os aseguro que es la hostia.

12 de mayo

FELIZ DÍA DE LA ENFERMERÍA

A LOS BUENOS

A LOS GRANDES

12 de Mayo. Y no mire usted, no voy a felicitar a todos los profesionales de Enfermería. Me voy a limitar a felicitar a los buenos, a los que son grandes en su ámbito. Al que es una máquina en investigación y por sus venas corre el ansia de saber, de descubrir, de mejorar. Felicito a los docentes de Enfermería, pero NO a todos oiga, a los mejores; a aquellos docentes que me han enseñado a pensar, a formar parte de un equipo y remar al unísono, a escuchar, a prestar atención porque en mis manos estaría después la vida de personas y no juguetes, no por sacar mejores notas sino por ser grande donde decida serlo. Por eso felicito a los mejores, aquellos que ven al alumno como la oportunidad de que nuestra profesión siga creciendo y no como una carga, no como números de expedientes, exámenes que corregir y clases que impartir en las que leer las diapositivas también sé yo desde mi casa, sin necesidad de ir a verle a usted la cara de que se le ha pasado las ganas de ejercer su profesión, sin ilusión, sin nada en las venas y quizá mucho en la cuenta bancaria. Gente ocupada. Gente sin ganas. A esos no los felicito, no quiero, me niego. Y eso, que he de confesaros que también se aprende de ellos, a cómo no ser con el paso del tiempo, a no dedicarme a un ámbito que no me apasione, a elegir bien, a estar ahí al frente de tantas mentes si sé despertarlas, motivarlas, afianzar conocimientos y permitir que me pongan en duda porque no soy Don Nadie, soy un igual al que le mueve la vocación por esta profesión. Sino me quedaré en casa, que para el caso resulta ser la misma aportación.

Felicito a los Superhéroes sin capa, pero con bata y pijama. Tampoco a todos porque siempre hay en el campo algún cardo entre tanta flor, pero al igual que antes, debo decir que son los menos. Y menos mal. Los felicito por ser los del día a día, los que están, los que cinco minutos antes de que acabe su turno tendrán un ingreso, una urgencia, algún timbre que atender y después lucharán con sus vaqueros para entrar en ellos de nuevo al volver a casa, porque llevan las piernas hinchadas de tanto tejemaneje. Por cuidar, por saber estar, por la sonrisa, por el cariño, por ir a la 200 a hablar con la mujer del ingreso cuando tiene un hueco porque la señora mayor se siente sola, porque a su marido le alegra escuchar a la morena que viene a curarlo, por hacerlo. Por hacer cosas bien cuando nadie te ve, por no esperar el aplauso de la supervisora ni de ninguna otra, felicidades. Por hacerlo porque sale de dentro, aunque no vaya reflejado en tu nómina. Aunque al traspasar las puertas del hospital vuelvas a tu vida y justo ese día no lleves la sonrisa por bandera. Por hacerlo a pesar del cansancio de horas, la locura de turnos y el café en vena. Felicidades a quienes sonríen nada más ponerse el pijama. A quienes esa fue la mejor elección de su vida.

Felicito a los de pijama azul, a los buenos, a esos que antes de abrir la boca el cirujano ya tiene lo que precisa, a ti que haces el recuento y te vuelves loca cuando no cuadra, a ti que te hace ilusión salir y vocear que el celador vaya a tu quirófano y sonríes porque todo salió bien a pesar de complicarse la operación. A ti que tratas con respeto al celador, al cirujano, al anestesista, al servicio de limpieza y ves la sanidad como un engranaje en el que nadie es más que nadie. Que no funcionas mirando por encima, que tratas al cirujano de usted por respeto, pero no por sentir que tu pijama sea inferior al suyo. A vosotros, a los pitufos del taller mecánico de la salud, felicidades.

A los pediátricos, a los que traen niños al mundo, a los de Centro de Salud que terminan siendo parte de la familia de muchas familias, a los que están en el momento de mayor Urgencia. A todos los buenos, Feliz Día de la Enfermería. Por hacer de ella la profesión más bonita del mundo. Por hacerla grande contra viento y recorte. Por ser marea blanca y luchar. Por ser la base de la sociedad.

Elegí vivir en pijama

Estar a pie de cama

Con la vida y la muerte

Tengo una vida para ejercer lo que siempre fui.

Puertas

Alguna vez en la vida todos nos hemos tenido que despedir pese a no querer. Pese a no saber cómo se cambia de estar un día abrazados, a la próxima ocasión en la que por muy cerca que estén algo les separa. Y ese algo es un ‘no’, es una puerta cerrada que bien tan solo uno lo decidió , o por el contrario fueron ambos. Lo cierto, es que al final da igual quién, tan solo importa el cómo. Aunque siendo sinceros, carece de importancia porque en el momento que esa puerta se cierra, uno ya está un poco roto. Da igual cuán políticamente correctos seamos.

Todos hemos dado dos besos cordiales y hemos preguntado un qué tal en el que esperábamos que ojalá la respuesta no fuera con otro/a. Que seas feliz, te deseo lo mejor, pero conmigo. Siempre conmigo.

A todos. Te juro que a todos.

Creo que el precio de sentir a veces es aprender a hacerlo de otros modos, en la distancia, desde fuera, en el adiós, en el reencuentro, en el olvido. Sobre todo en el olvido.

Nadie sabe de su memoria hasta el día que se enamora y ha de pronunciar un adiós, hasta otra. Ahí es cuando te das cuenta realmente de que hasta el tacto se recuerda.

Todos hemos tenido que dejar a un lado sonrisas, recuerdos, palabras, juegos, canciones… caricias. Y entonces, apostar por quien nunca te abandona. Te preguntarás quién es ese. Tan solo has de ponerte frente a un espejo.

La vida sigue, siempre sigue. Ninguno de nosotros somos imprescindibles, ni mucho menos el lugar que ocupamos en el mundo. Otra u otro podría estar justo ahí. Y daría igual si se llama como tú, como yo o fulanito de tal. Pero piénsalo, así, los rotos son menos rotos y uno sabe o al menos intuye, que llegará el día en el que todo este puto desastre se convierta en otras sonrisas, en otros besos, en otro perfume.

Y estamos hechos para crear nuevos recuerdos y para caminar hacia delante cueste lo que cueste.

El amor, como en otros pequeños grandes ámbitos de nuestras vidas está inundado de experiencias. Bueno, pues llegó el momento de vivir nuevas. Sin más.

Cuando empiezas a disfrutar de los cambios, irse cada vez resulta más fácil. Y no por cualquiera uno se queda en el mismo lugar. Ni transita dos veces la misma calle.

Si no me hubieran cerrado aquella puerta hace tantos años, nada de esto lo hubiera aprendido. Quizá estaba de ser. Pues nada de todo lo que viví después hubiera ocurrido así. Y así, significa quién soy. Y joder, para bien o para mal somos ese puto reflejo que nos devuelve el espejo para recordarnos que por encima de nadie, quedarse es quedarnos. Y reconocernos entonces es saber que mientras una puerta se cierra, mientras llega un final, la vida ya nos tiene preparadas mil oportunidades por las que arriesgarse.

No todo ha de durar, a veces los minutos te enseñan a disfrutar de las manecillas del reloj que creías olvidadas. A veces, hay que dejar de vivir en años y comenzar a vivir en segundos.

No sé por qué empecé a escribir esto. Pero si estás cerca de una puerta cerrada, no te quedes ahí por mucho tiempo. Es justo eso, el mejor regalo que podemos darnos a nosotros mismos. Perder tiempo lamentando lo que no fue, es arriesgarse a no ver todo cuanto lejos de esa puerta nos rodeaba.

Si fuera hacia atrás, tan solo cambiaría mi forma de ver el amor como ahora lo entiendo. Quizá todo fue para escribir esto y que tú si estás en esa, leas y entiendas lo que ojalá yo antes.

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Luz, calor, amor. El auténtico éxito.

me pregunto qué es de los días grises cuando no miramos

qué hace que sintamos la lluvia dentro y el frío se quede anclado a nuestros huesos

por qué cuando el sol nos baña sonreíamos el doble

como si la luz fuera el motor de nuestras vidas

como si el calor y el amor fueran de la mano

y el sentido de todo estuviera justo ahí

a veces me pregunto quién sería sin terrazas con vistas a otras vidas

sin los atardeceres que contemplo

sin todas esas luces que hacen que mis ojos se detengan

mientras mis dedos comienzan el baile de palabras

qué sería la vida si nadie se detuviera a observarla

detenidamente

en silencio

en pausa

sin esos momentos en los que el frío tan solo es la ausencia de un abrazo

cómo actuaríamos si supiéramos el futuro y anduviéramos siempre seguros del siguiente paso

quizá, entonces, el anochecer no se podría leer

quizá las canciones no nos transportarían a alguien

puede, es probable, que perdiera toda magia lo único que debiera acompañarnos hasta la muerte ‘el último intento’

solo aquel que se atreve a quedar sin luz, la vida le inundada de ella.

si de algo podemos estar seguros, es que sin riesgos, las mejores cosas serían tan solo eso

por ello, no necesito respuestas mientras contemplo las tonalidades del cielo cuando cae la noche y sigo sola

sé que de a momentos la vida hará que lo toque con la yema de mis dedos

y que en los días que me sienta lluvia

la literatura será mi propio abrazo

aunque cuando salga el sol y yo sonría

de a poco me olvide de ella

me olvide yo, y ella lo haga de mí,

como quienes se dan de tregua

el breve instante de los momentos

que hace que una ya no se cuestione

de qué va la vida

porque la bese

porque la toque

porque la viva a quemarropa

que ya no huela a tinta de amor caduco

que cada beso sea una fiesta

y el tiempo nuestro aliado

un día más pronto que tarde dejaré de escribir y no será por elección propia, las letras habrán salido de sus jaulas, volando libres mientras yo avanzo en un perfecto equilibrio, sintiendo a la par.

entonces Ana pasará a ser papeles en una caja junto a las veces que quedé a oscuras. Ana y ellos, e incluso yo. Todo, para que cuando esté inundada de luz, sepa de donde vino la intensidad de la misma.

Creo que me voy despidiendo, ni siquiera me apetece alzar la voz sintiéndome desnuda.

carrera de fondo. Si correr significa hacerlo para alcanzar un puesto en ventas, y la literatura, una quimera, pueden continuar soñando con un mundo lleno de fotocopias y dragones y serpientes y maría fumada y braguetas bajadas y copas de más y valores a medias y todo en línea para que así un solo aplauso retumbe el doble. y que al aplauso le siga el tonto.

No querer ser nadie, ya te hace ser alguien. No sé si me entienden.

Un saludo terrícolas 👋

“Si un día dejo de escribir, estaré viviendo”. —yo, una vez.